Transformamos entornos organizacionales para que las personas trabajen con seguridad, bienestar y propósito.

En Join Moment, creemos que un entorno seguro cambia todo. Fomentamos una conciencia colectiva que protege e inspira, donde la prevención y el liderazgo se viven.

Conoce a Join Moment

Qué hacemos

Te acompañamos en la transformación cultural de tu organización desde la raíz: comportamientos, comunicación y liderazgo. Lo hacemos con metodología, experiencia y pasión.

Conoce nuestras soluciones

Próximo Evento

"Percepción del riesgo: un recurso para mejorar el desempeño en Seguridad"

Conferencias magistral

  • Fecha: 17 de Julio 2025
  • Hora de Ciudad de México: 10:00 am
  • Duración: 60 Minutos.


Días
Horas
Minutos
Segundos
¡Cuenta regresiva terminada!
Inscríbete gratis

Comparte

Join Academy

Una comunidad de crecimiento

Mantente Informado sobre temas de interés para el desarrollo personal  y de tu organización.

Entra a Join Academy

por Alejandro Ramón Arias 13 de agosto de 2025
En cualquier organización, la Cultura de Seguridad es mucho más que el cumplimiento de normas y procedimientos: es la manera en que las personas piensan, deciden y actúan frente a los riesgos, tanto en el trabajo como fuera de él. Sin embargo, muchas empresas intentan mejorarla sin conocer realmente cuál es su punto de partida. Ahí es donde entra en juego el Diagnóstico de Cultura de Seguridad: una herramienta clave para obtener una visión clara y objetiva del estado actual, identificar brechas y diseñar estrategias que generen un cambio sostenible. ¿Por qué es tan importante diagnosticar antes de actuar? Un diagnóstico bien diseñado nos permite: Medir percepciones y comportamientos reales Con encuestas específicas, como las que incluyen escenarios reales y preguntas sobre toma de decisiones, podemos identificar cómo las personas perciben los riesgos, cómo priorizan la seguridad frente a la producción y cuál es su compromiso real. Detectar creencias y actitudes que impulsan o frenan la seguridad No basta con saber qué hacen los colaboradores; es esencial entender por qué lo hacen. Esto permite atacar de raíz las creencias limitantes que pueden estar normalizando conductas inseguras. Evaluar la consistencia del liderazgo La cultura de seguridad se fortalece cuando los líderes transmiten mensajes claros, coherentes y alineados con los valores de la organización. El diagnóstico revela si existe esa coherencia y cómo se percibe desde los diferentes niveles. Identificar áreas y equipos con mayor potencial de mejora El análisis por departamento o área permite priorizar esfuerzos y enfocar recursos en donde más impacto puede generarse. Del diagnóstico a la acción El valor del diagnóstico no radica solo en obtener datos, sino en convertirlos en acciones concretas. Con los resultados, es posible: Diseñar programas de capacitación adaptados a las necesidades reales. Implementar campañas de comunicación preventiva enfocadas en los puntos críticos detectados. Reforzar prácticas de liderazgo y reconocimiento que impulsen comportamientos seguros. Monitorear el progreso a lo largo del tiempo para garantizar que la cultura evoluciona en la dirección correcta. El inicio de un cambio cultural sólido En resumen, un Diagnóstico de Cultura de Seguridad no es un simple cuestionario: es una radiografía de la organización que nos da la base para tomar decisiones inteligentes, priorizar acciones y construir una cultura de seguridad que realmente proteja a las personas y al negocio. Porque lo que no se mide, no se puede mejorar… y en seguridad, cada mejora cuenta.
por Alejandro Ramón Arias 10 de julio de 2025
En el mundo organizacional actual, donde la complejidad de las operaciones y la presión por resultados van en aumento, hablar de gestión de riesgos ya no es una opción: es una necesidad. Sin embargo, a pesar del avance en normativas, sistemas de gestión y buenas prácticas, los eventos no deseados siguen ocurriendo. La pregunta que surge es: ¿por qué? La respuesta no es tan simple como seguir un procedimiento o aplicar un checklist. El reto está en comprender cómo las personas perciben el riesgo, cómo esa percepción influye en sus decisiones, y cómo esa suma de decisiones impacta el desempeño global en seguridad. Más allá del cumplimiento: cultura, liderazgo y valor Muchas organizaciones han enfocado sus esfuerzos en el cumplimiento normativo como forma principal de gestionar la seguridad. Pero cumplir no siempre significa transformar. En algunos casos, la seguridad sigue viéndose como un conjunto de reglas externas, impuestas desde fuera, y no como una decisión estratégica que parte del liderazgo y se vive en la cultura diaria. Esto genera una desconexión: la cultura que se declara no siempre es la que se practica. Las reglas pueden existir, pero si no son claras, comprendidas ni reforzadas, pierden efectividad. La percepción no es universal: es situacional y personal Cada colaborador interpreta los riesgos desde su experiencia, creencias, emociones y conocimiento. Factores como la rutina, la presión operativa o incluso el diseño del trabajo pueden influir en que una situación peligrosa no sea percibida como tal. Esto explica por qué dos personas ante el mismo escenario pueden actuar de forma completamente distinta. Además, los riesgos no se administran igual: los relacionados con tareas, con maquinaria o con procesos tienen dinámicas distintas, y requieren enfoques diferenciados. La gestión efectiva parte de saber observar, clasificar y priorizar. El liderazgo también percibe (o no) el riesgo Una de las claves para evolucionar en la seguridad es el impacto del liderazgo. No basta con estar informados: los líderes deben actuar como agentes de transformación. ¿Reconocen que la percepción del riesgo es un tema estratégico? ¿Están generando un entorno donde las personas se sienten responsables, pero también respaldadas? ¿Hay rendición de cuentas real (“accountability”) o solo se reacciona ante incidentes? Estas preguntas son esenciales para dejar atrás modelos centrados en el control y pasar a modelos interdependientes, donde la seguridad se construye entre todos, de forma consciente y compartida. Seguridad como inversión preventiva, no como costo reactivo Gestionar la percepción del riesgo es, en el fondo, una inversión inteligente. Es anticiparse a lo que puede fallar, reducir pérdidas invisibles y fortalecer el compromiso de las personas con su entorno. Invertir con sentido preventivo implica desarrollar habilidades, adaptar procesos, revisar creencias y transformar culturas. Las organizaciones que deciden hacerlo no solo disminuyen incidentes: aumentan su capacidad de adaptarse, crecer y generar confianza.
por Alejandro Ramón Arias 13 de junio de 2025
En toda organización orientada al cuidado de las personas, los eventos no deseados —por más lamentables que sean— representan una oportunidad invaluable para el aprendizaje. Aunque el primer impulso puede ser el silencio, la corrección inmediata o incluso la búsqueda de culpables, lo que realmente transforma a una empresa es la capacidad de mirar con apertura, aprender con empatía y actuar con propósito. Los eventos como punto de partida, no como final Los incidentes en el trabajo nos recuerdan que la seguridad no es una meta estática, sino un proceso dinámico y siempre en construcción. Nos recuerdan que, por más controles, sistemas o entrenamientos que existan, la vulnerabilidad sigue presente. Y por eso es tan importante hablar de lo que pasó, entender por qué pasó y, sobre todo, qué podemos hacer para que no vuelva a suceder. Comunicar para transformar: el poder de los mensajes bien contados Cuando compartimos lo aprendido tras un evento, no solo damos visibilidad a los hechos. También: Reconocemos que el error no es falla moral, sino un resultado de condiciones, hábitos o vacíos de percepción. Humanizamos la seguridad, mostrando consecuencias reales y generando empatía. Fortalecemos la cultura interna al dejar claro que aprender juntos es parte del camino hacia la excelencia. Activamos la conciencia colectiva: “Esto le pasó a alguien como tú. Y si bajamos la guardia, puede volver a pasar.” Del dato al impacto: cómo construir mensajes que sí llegan Para que estas comunicaciones realmente generen conciencia y cambio, es importante: Dar contexto con claridad: Explicar qué ocurrió, sin tecnicismos ni dramatización. Compartir testimonios (cuando sea posible): Una voz auténtica dice más que cualquier estadística. Reflexionar sin culpar: Enfocarse en condiciones, no en personas. Visualizar el riesgo real: Mostrar lo que pudo haber pasado si no se refuerzan hábitos. Llamar a la acción colectiva: Involucrar a todos, desde lo personal hasta lo organizacional. Una cultura que aprende es una cultura que evoluciona La diferencia entre una organización que reporta incidentes y una que aprende de ellos está en la calidad de las conversaciones que genera. Si cada evento difícil se transforma en una oportunidad para hablar con franqueza, reforzar compromisos y empoderar decisiones seguras, entonces estamos avanzando. Lo que se comunica con propósito, se recuerda. Y lo que se recuerda, transforma.

En nosotros confían