por Alejandro Ramón Arias
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9 de enero de 2026
Cada inicio de año trae consigo planes, objetivos y buenas intenciones. Nuevas metas, nuevos indicadores y, en muchos casos, nuevas campañas. Sin embargo, en la práctica, muchas organizaciones enfrentan un fenómeno silencioso: el año cambia, pero los errores se repiten. Los mismos incidentes, los mismos riesgos subestimados, las mismas conversaciones incómodas que se evitan. Esto no ocurre por falta de capacidad técnica, sino porque el aprendizaje no siempre se transforma en conciencia y acción. Cuando el pasado no se revisa, el futuro se repite Los errores no suelen ocurrir por desconocimiento, sino por normalización. Se vuelven parte del día a día: “siempre se ha hecho así”, “nunca ha pasado nada”, “solo fue un descuido”. Al cerrar un año, muchas organizaciones se enfocan en dejar atrás los eventos no deseados lo más rápido posible, sin detenerse a reflexionar profundamente sobre lo que estos revelan: Decisiones tomadas bajo presión Creencias que justifican el riesgo Mensajes implícitos que priorizan resultados sobre seguridad Cuando no se generan espacios de reflexión, el aprendizaje se bloquea y el ciclo vuelve a comenzar. El verdadero aprendizaje no está en el reporte, está en la conversación Documentar incidentes es necesario, pero no suficiente. El verdadero cambio ocurre cuando las personas hablan de lo que pasó sin culpa, entienden por qué ocurrió y conectan ese aprendizaje con sus propias decisiones diarias. Preguntas como: ¿Qué señales ignoramos? ¿Qué creencias influyeron en nuestras decisiones? ¿Qué condiciones permitieron que esto sucediera? Abren conversaciones que fortalecen la cultura y evitan que los errores se repitan. Iniciar el año con conciencia, no solo con objetivos Comenzar el año sin repetir los mismos errores implica algo más profundo que establecer nuevas metas. Implica elevar el nivel de conciencia organizacional. Esto se logra cuando: El liderazgo reconoce abiertamente los aprendizajes del año anterior. Se envían mensajes claros que refuerzan que aprender es más importante que señalar culpables. Se invita a las personas a participar activamente en la prevención, no solo en el cumplimiento. La seguridad, al igual que la cultura, se construye con decisiones pequeñas, repetidas y consistentes. Cerrar ciclos para abrir nuevas posibilidades Los errores del pasado no definen a una organización, pero la forma en que se aprende de ellos sí. Cada evento no deseado es una oportunidad para fortalecer la confianza, empoderar a las personas y consolidar una cultura que evoluciona. Comenzar el año sin repetir los mismos errores no significa buscar la perfección, sino aprender mejor, decidir con mayor conciencia y actuar con responsabilidad compartida. Porque cuando una organización aprende de verdad, el cambio deja de ser una intención y se convierte en una práctica diaria.